¿Quiénes son los de abajo?

Un texto; varios acercamientos.
            La crítica literaria se ha acercado a la novela Los de abajo desde múltiples ángulos según el tiempo, lugar, intereses personales y contexto desde donde esta se desarrolle. En “Un análisis del Misticismo revolucionario” de Mirko Porgar el texto se aborda con admiración. Polgar  privilegia el ánimo revolucionario tanto del autor como en la obra:
            “Mariano Azuela (1853-1952) médico en las tropas que comandaba Francisco Villa, observó los hechos de la Revolución Mejicana con <<occhio clínico>>, según la expresión romana, los sintió con su corazón simpatizante por el dolor humano, los describió con su imaginación creadora de tal modo que muy lejos en lugar y tiempo, Los de abajo presentan una visión artística no menos instructiva que conmovedora. El comentario social emana de la novela que tiene un tejido consistente. Cada personaje expresa su mensaje no únicamente con sus palabras, sino, mucho más con toda su participación o con su desaparición del torbellino de la Revolución” p. 152-153
            Para Porgar el autor ha logrado capturar el “misticismo revolucionario” que define como el “arrebato de las pasiones humanas para cambiar con fuerza el orden establecido”.
            Otras voces encuentran en Los de abajo el augurio de la usura del discurso de la Revolución Mexicana en el presente.  Cuando Demetrio Macías en el capítulo IX, de la Tercera Parte llega con sus hombres a Juchipila, un soldado anónimo responde a las alocadas expresiones de Valderrama. Este parece predecir el destino que perseguiría muchos revolucionarios tan pronto los combatientes lograran acceso al poder:
“Valderrama, sin oír a nadie, reza su oración solemnemente:
—juchipila, cuna de la revolución de 1910, tierra bendita, tierra regada con sangre de mártires, con sangre de soñadores... de los únicos buenos! ...
—Porque no tuvieron tiempo de ser malos —completa la frase brutalmente un oficial ex federal,  le va pasando.” p.64
Estas alusiones son pulsaciones constantes que nos llegan a través de la voz de distintos personajes y que han sido acogidas por críticos como Rainer Hurtado Navarro como una crítica a las flaquezas de la Revolución. Ella se acerca al texto desde un cristal menos panfletario:
“aquellos que persisten como fundamento de la retórica política, lo harán como muchas palabras en el habla cotidiana, como fósiles del lenguaje: “Erase una vez…” Así hoy se rescatan la visión del Estado de Iturbide y de Juarez; el federalismo convulsiona en un maremágnum de problemas sociales por resolver y por los cuales comparten responsabilidad; los magnates que construyeron imperios con el beneplácito porfirista son aclamados como los ingenios que impulsan el país, etc. Dentro de este nuevo y precario esquema del poder hay que buscar un lugar si lo tiene y en cuál bando para Los de abajo.” p. 3
Los críticos matizan sus diferencias dependiendo de color del cristal de la lupa con el que se acerquen a la Obra. Pero todos convergen en la indispensabilidad de comprender el contexto histórico para analizar de forma abarcadora la Novela.

Contexto histórico de Los de abajo
La novela Los de abajo es una ficción que se ubica durante la segunda década del siglo veinte, insertada en el contexto histórico de la Revolución Mexicana. La alusión a diversas figuras icónicas de la Revolución como la de Francisco Villa son parte fundamental de relato:
“Villa es la reencarnación de la vieja leyenda: el bandido providencia, que
pasa por el mundo con la antorcha luminosa de un ideal: ¡robar a los ricos para hacer ricos a los pobres! Y los pobres le forjan una leyenda que el tiempo se encargará de embellecer para que viva de generación en generación.” p. 32
La Revolución Mexicana ha sido para este País, el conflicto armado más relevante de los últimos dos siglos. El periodo del porfiriato, provocó un notable crecimiento económico en México, que se logró con altos costos sociales, siempre en detrimento de las clases más bajas. Estos agravios cimentaron las bases de la oposición política al régimen de Díaz. Durante la primera década del siglo XX se hizo más visible la crisis en múltiples esferas de la sociedad mexicana. El descontento colectivo fue abrumador. La oposición del gobierno de Díaz encabezada por la figura de Fracisco I. Madero tomó fortaleza. Este formó un partido político, pero fue arrestado antes de las elecciones por sedición.  Durante su estadía en la cárcel, Díaz vuelve a prevalecer. Madero logra fugarse y huye a los Estados Unidos desde donde proclamó el Plan de San Luis, que llamaba a tomar las armas contra el Gobierno de Díaz el 20 de noviembre de 1910. Dentro de este panorama convulso se inserta el protagonista, Demetrio Macías quien comienza como un rebelde de Limón, Mohayua  y termina como jefe dentro de las filas de Villa sin saber después por qué estaba peleando. Al final del segundo capítulo, Natera lo aborda:
“—¡Cierto como hay Dios, compañero; sigue la bola! ¡Ahora Villa contra Carranza! —dijo Natera.
Y Demetrio, sin responderle, con los ojos muy abiertos, pedía más explicaciones… Demetrio se torna casi indiferente ante la división aunque sigue reconociendo a Natera como su jefe: “— Mire, a mí no me haga preguntas, que no soy escuelante... La aguilita que traigo en el sombrero usté me la dio... Bueno, pos ya sabe que nomás me dice: "Demetrio, haces esto y esto... ¡y se acabó
el cuento!" p.58
Los revolucionarios como Macías habían perdido su propósito original y se habían convertido en mercenarios muy similares a los federales, a espera de órdenes para ejecutarlas, lo que nos obliga a adentrarnos en lo que Mieke Bal denomina como el plano ideológico dentro de un relato.  

El motor ideológico de la revolución
Los ideales revolucionarios no son el motor de lucha de los combatientes. El primero en presentarlos en la obra es Luis Cervantes, este aparece en el capítulo X de la Primera parte. Se presenta como un joven que se había desafiliado de los federales. Llega al bando de Demetrio y recibe un disparo en el pie cuando fue descubierto por Pancrasio quien lo captura y lo lleva ante Demetrio Macías quien en medio de un interrogatorio hace que este se defina como correligionario:
“— Me llamo Luis Cervantes, soy estudiante de medicina y periodista. Por haber dicho algo en favor de los revolucionarios, me persiguieron, me atraparon y fui a dar a un cuartel...
La relación que de su aventura siguió detallando en tono declamatorio causó gran hilaridad a Pancracio y al Manteca.
— Yo he procurado hacerme entender, convencerlos de que soy un verdadero correligionario...
— ¿Corre... qué? —inquirió Demetrio, tendiendo una oreja.
— Correligionario, mi jefe..., es decir, que persigo los mismos ideales y defiendo la misma causa que ustedes defienden.
Demetrio sonrió:
— ¿Pos cuál causa defendemos nosotros?...” p.10
Los ideales revolucionarios están ausentes en el protagonista del Relato. Las motivaciones que lo hacen adentrarse en la Revolución son mucho más llanas y carnales. Luego que Demetrio le brinda su amistad a Luis Cervantes explica las razones por las que se levantó en armas contra el gobierno:
“—¿Sabe por qué me levanté?... Mire, antes de la revolución tenía yo hasta mi tierra volteada para sembrar, y si no hubiera sido por el choque con don Mónico, el cacique de Moyahua, a estas horas andaría yo con mucha priesa, preparando la yunta para las siembras... Pancracio, apéate dos botellas de cerveza, una para mí y otra para el curro... Por la señal de la Santa Cruz... ¿Ya no hace daño, verdad?...” p.19
Demetrio se había peleado con el cacique de Moyahua y esto fue lo que hizo adentrarse en la Revolución. Cada uno de los combatientes se había incorporado por causas personales y no por ideales colectivos a las filas revolucionarias. En el caso de la Codorniz este se había adentrado porque se robó un reloj, otros eran bandidos o habían entrado por haber cometido un asesinato en su pueblo. A esto asertivamente Solís en una conversación con Luis Cervantes se torna  profético:
“—¡Qué hermosa es la revolución, aun en su misma barbarie! —pronunció Solís conmovido. Luego, en voz baja y con vaga melancolía:
—Lástima que lo que falta no sea igual. Hay que esperar un poco. A que no haya combatientes, a que no se oigan más disparos que los de las turbas entregadas a las delicias del saqueo; a que resplandezca diáfana, como una gota de agua, la psicología de nuestra raza, condensada en dos palabras: ¡robar, matar!... ¡Qué chasco, amigo mío, si los que venimos a ofrecer todo nuestro entusiasmo, nuestra misma vida por derribar a un miserable asesino, resultásemos los obreros de un enorme pedestal donde pudieran levantarse cien o doscientos mil monstruos de la misma especie!... ¡Pueblo sin ideales, pueblo de tiranos!...¡Lástima de sangre!” p. 33
La revolución no era un asunto ideológico-colectivo sino que cada ser humano respondía a necesidades individuales. En este aspecto la novela según va avanzando empareja a los revolucionarios con los federales y los vierte al mismo nivel de humanidad. Los federales eran federales porque entendían que esa era la mejor forma de atender sus necesidades y responder a sus intereses particulares. Tampoco ellos estaban allí porque entendía que la posición del gobierno fuera la correcta. Esto lo apreciamos su caracterización.

Caracterización de los federales
Si el texto caracteriza a muchos de los revolucionarios como violadores, ladrones, campesinos, asesinos, individuos comunes que por necesidades particulares al principio de la novela se agruparon todos en contra del gobierno, combatiendo al otro, encarnado la figura federales, quienes estaban en favor del poder. La caracterización de los federales no es muy distinta. En ellos, podemos ver,  igual que en los revolucionarios una evolución según transcurre la narrativa. Estos se cambian de lugar, según evoluciona la novela y el poder se va transfiriendo de un bando a otro. En el capítulo primero cuando los federales invaden la casa de Demetrio Macías por órdenes del cacique de Moyahua; don Mónico. Llegan borrachos y después de matar a su perro Palomo, al no encontrar a Demetrio, acosan a su mujer:
“No me mires airada... No más enojos... Mírame cariñosa, luz de mis ojos, acabó cantando el oficial con voz aguardentosa.” “…“¿En Limón?... Bueno, para mí... ¡plin!... Ya sabes, sargento, si he de irme al infierno, nunca
mejor que ahora..., que voy en buen caballo. ¡Mira nomás qué cachetitos de morenal... ¡Un perón para morderlo!...”¿Le tienes miedo a tu... marido... o lo que sea?... Si está metido en algún agujero dile que salga..., pa mí ¡plin!... Te aseguro que las ratas no me estorban. pag. 1-3
Esta primera caracterización de los federales los presenta como irrespetuosos y acosadores pero al mismo tiempo cobardes. Cuando llega Demetrio y los confronta, un soldado esboza:
“Aquí tiene la mano de un amigo... Está bueno, Demetrio Macías, usted me desaira... Es porque no me conoce, es porque me ve en este perro y maldito oficio... ¡Qué quiere, amigo!... ¡Es uno pobre, tiene familia numerosa que mantener! Sargento, vámonos; yo respeto siempre la casa de un valiente, de un hombre de veras.” p.3
Esta conversación nos lleva a inferir que el soldado está en esa posición social porque las  necesidades sociales lo han llevado hasta allí. Las condiciones sociales son fuerza regidora dentro este relato. El federal es federal por necesidades económicas u obligación y no por iniciativa propia. El revolucionario se vuelve revolucionario porque las condiciones sociales lo obligaron a entrar en esa faena.
Muchos de los que militaban en las filas de los federales deseaban salirse pero no encontraban el momento adecuado para huir. Luis Cervantes que militó en las tropas federales logró obtener muchos secretos de ellos, en una introspección que hace cuando está encerrado en el corral de cerdos realiza una notoria introspección:
“Luis Cervantes, pues, se hizo acreedor a la confianza de la tropa. Hubo soldados que le hicieron confidencias temerarias. Uno, muy serio, y que se distinguía por su temperancia y retraimiento, le dijo: "Yo soy carpintero; tenía mi madre, una viejita clavada en su silla por el reumatismo desde hacía diez años. A medianoche me sacaron de mi casa tres gendarmes; amanecí en el cuartel y anochecí a doce leguas de mi pueblo... Hace un mes pasé por allí con la tropa... ¡Mi madre estaba ya debajo de la tierral... No tenía más consuelo en esta vida... Ahora no le hago falta a nadie. Pero, por mi Dios que está en los cielos, estos cartuchos que aquí me cargan no han de ser para los enemigos... Y si se me hace el milagro (mi Madre Santísima de Guadalupe me lo ha de conceder), si me le junto a Villa..., juro por la sagrada alma de mi madre que me la han de pagar estos federales". p. 11
La traición también se apodera la filas de los revolucionarios de Demetrio según va avanzando la novela. Algunos son despiadados como Margarito que atrapó un hombre y lo torturó; haciéndolo caminar amarrado de brazos, largos trechos para luego matarlo a golpes. Muchos llegan al punto de no saber por qué están peleando y se tornan violadores y acosadores con las mujeres de los pueblos a los que llegan. El propio Luis Cervantes mandó a capturar a una jovenzuela de catorce años para hacerla su pareja. Al final  los revolucionarios de Demetrio caen en una emboscada y reaccionan exactamente igual que lo federales, huyendo y Demetrio Macías disparándoles a los cobardes. Lo que nos lleva a concluir que esta novela si la apreciamos desde un ángulo superior, la podemos apreciar como texto circular, donde los sucesos parecen repetirse solo que se intercambian los federales por revolucionarios.

Una novela circular
La novela comienza con unos federales invadiendo la casa de Demetrio Macías en Limón, Mohayua,  por órdenes del cacique Mónico. Este huye al monte mientras observa como los federales le queman su casa. Macías se refugia en la maleza y junto a sus pares jura enfrentar a los federales. El grupo de Demetrio estaba compuesto por veinticinco hombres que se enfrentan a cientos de soldados en la montaña. Toman ventaja de su conocimiento del terreno para dominar a los federales. Mientras les disparaban desde lo alto de una montaña los federales salían despavoridos. Algunos intentaban huir y fueron asesinados por sus superiores. Acción que al final Demetrio repite con sus propios soldados. El protagonista es herido por un disparo en la pierna. Venacio le hace un vendaje hasta que llegan a una comunidad en donde son bien recibidos. Los compueblanos hablan mal de los federales, estos acosan a las muchachas jóvenes de la comunidad, igual que los revolucionarios lo harán posteriormente. En ese lugar aparece un joven que se había desafiliado de los federales y se vuelve según él, revolucionario. Su nombre es Luis Cervantes. Después de tener un breve diálogo con Demetrio fue encerrado en un corral. Dentro hace una introspección acerca de la Revolución y recuerda muchos de los secretos que los federales le contaron. Demetrio desea conocer las  intenciones con las que viene Cervantes y le pide a la Cordorniz que busque una sotana y se vista de sacerdote para obtener información por medio de la confesión. La Codorniz le revela a Demetrio que Luis no viene a matarlo. Luis y Camila conversan mientras esta lo cura, sale a traslucir el gusto que ella tiene por él. Las mujeres del lugar intentan curar a Demetrio sin mucha efectividad. Luis, que tiene algunos conocimientos en medicina logra curar a Demetrio lo que lo hace merecedor de la confianza de este. Venacio tiene  una profunda conversación acerca de los destinos de la revolución. Camila le confiesa a Luis que Demetrio intentó propasarse con ella. Luis y Anastasio se percatan de que se acercan unos federales. Mientras los combaten Demetrio le explica  porque entró en la Revolución. Luis le asegura a Demetrio que Camila gusta de él. Luego esta se topa con el en el monte y el intenta converserla de que ceda a los amores del viejo Demetrio. Se da el baile de despedida y Camila no asiste. Demetrio la extraña, sale a relucir la mala fama que tiene el personaje de María Antonia. Parten del pueblo cantando y festejando. En el camino se topan con un viejo que les alerta que hay una docena de federales más adelante. Estos continúan hasta acercarse a ellos, se protegen la cabeza con piedras y se ubican en distintas posiciones de ataque. Llega la noche. Luis le advierte a Demetrio que la información del viejo pudiera ser falsa. En el pueblo se encuentran con el ataque de federales que los hacen esconderse. En esto un oficial de alto rango se nota ambicioso realizando una introspección de lo que será su ascenso por lograr detener a los revolucionarios que se habían escondido. Estos reciben ayuda de un paisano le brinda confidencias para doblegar a los militares. Fue una batalla sangrienta, que ganaron los revolucionarios. El ejército de Demetrio crece. En el camino cargan una máquina de escribir que da pie a que se deshagan de todos los objetos pesados que le estorbaban. Corre la noticia de que se acerca Villa. Finaliza la primera parte del texto con una gran batalla. En este se pueden apreciar como soldados abandonan las filas de combate y se van uniendo a los revolucionarios. El poder ha cambiado de bando. Los  revolucionarios se reúnen en un bar, comienzan a comportarse abusadores, igual que los federales lo hacían en la primera parte del relato. Los soldados de Demetrio saquean una vivienda y Demetrio se hace de la vista larga. Luis esconde unos diamantes. Aparece la  Codorniz con una mozuela de doce años igual que lo había hecho los federales anteriormente.
Luis Cervantes manda a raptar a una muchacha de 14 años y la presenta como su novia. Pasa la noche y cuando Luis despierta se percata de que hay sangre. Recuerda la pelea de la noche anterior. La Pintada la había encerrado en un cuarto y espero a que todos estuvieran despistados para dejarla escapar. Parten a la Tierra de Demetrio Macias, Mohayua. Llegan a la casa de Don Monico. Aparecen mujeres y niños. Estos rebuscan la casa hasta encontrar a Don Monico. Demetrio Macías actúa igual que actuaron los federales al comienzo del relato, no mata a Don Monico y ordena que quemen la casa. El circulo narrativo se ha cerrado en el mismo lugar donde comenzó.
Luis intenta convencer a Demetrio de que tome dinero y abandone la revolución. Este se renienga. Luis busca a Camila y por medio del engaño se la trae a Demetrio. Pintada descubre la trastada. Demetrio bebe en la tienda de Primitivo López. Aparece un paisano con un agujero en la cabeza. Llega un comunicado que le pide a Demetrio Macías que persiga a los orzquistas. Demetrio se ha vuelto un hombre de encargo, igual que eran los jefes militares. Los hombres de Demetrio atrapan a un federal y Margarito lo amarra y lo tortura. Demetrio busca descanso, en la casa de un serrano. Este se lo ofrece.
Salen a Tepaptilan porque se les estaban acabando los fondos. La crueldad se acrecenta, Margarito sigue cargando a su prisionero quien cae exhausto y este le propina varios golpes que lo llevan a la muerte. Llegan a Guadalajara chiquita. Los soldados cometen abusos con un hombre viudo y Demetrio vuelve a tornarse indiferente. Echan a la Pintada de la tropa. Demetrio comienza a sentir tristeza. Llegan a lagos y los paisano se muestran temerosos de los revolucionarios. Estos cometen exhaubrustos en la ciudad. Se percibe una división política entre Carranza y Villa. Demetrio se muestra un tanto indiferente aunque seguidor y acepta seguir combatiendo ya sin saber por qué. En una carta, Luis Cervantes le solicita a Venacio ayuda para montar un restaurante mexicano augurando la caída de los revolucionarios. Cae Villa. Se juega gallos y Demetrio le pide a Valderrama que cante el enterrador. El texto finaliza similar a como comenzó. Solo que el que se encuentra en la parte baja ahora son los revolucionarios. Estos están atrapados en la falda de la montaña donde son emboscados desde arriba. Demetrio le dispara a sus soldados que salen desparramados al oír los disparos… ahora los revolucionarios están abajo.

Quiénes son los de abajo
El elemento regidor en la novela es el poder, este determina quién son los de arriba y quienes son los de abajo. El que ostenta el poder siempre será el de arriba. En el tercer capítulo se puede apreciar una frase esbozada por Demetrio que le sugiere al lector quienes están abajo en ese momento: “—A los de abajo... A los de abajo —exclamó Demetrio, tendiendo su treinta-treinta hacia el hilo cristalino del río” cuando atacaba a los federales estancados en la falda de montaña, solos y sin el apoyo del pueblo.

Los federales son al inicio del texto los de abajo, aquellos que están perdiendo el poder, que en su mayoría están luchando por direcciones de un superior. Se encuentran atrapados en una condición de la cual no pueden escapar y si lo intentan, son fusilados por sus propios superiores.

Después de triunfal la revolución y los revolucionarios alcanzar la embriaguez del poder se tornan igual o peores que los federales. Después de múltiples atropellos al pueblo, estos comienzan a descender, perdiendo el poder y el apoyo popular. Se van rebajando paulatina mente hasta llevarlos a la misma posición de repudio que los federales tenía al principio de la novela.
Al final de la novela los revolucionarios se encuentran abajo. Han perdido el apoyo del pueblo y pelean por encargo igual que lo hacían los federales anteriormente. Es meritorio mencionar que la novela termina con Demetrio en la falda de la montaña a donde fue enviado por su superior. Este, junto con sus soldados fue enviado como emisario a combatir. En este momento los revolucionarios se encuentran abajo, no saben porque están peleando y siguen órdenes de sus superiores. Estos son emboscados y algunos intentan huir del fuego enemigo. Lo que provoca la furia de Demetrio que le dispara a sus propios soldados por traición. Y termina atrapado disparando y disparando para siempre.
Los de abajo siempre serán aquellos que no ostentan el poder, que siguen ordenes  independientemente el discurso ideológico que gobierne el país. Son aquellos que no tienen capacidad decisional y están subyugados a las directrices de un superior independientemente este sea un revolucionario popular o un dictador de derecha.










Bibliografía

Pólgar, Mirko, “Un análisis del misticismo revolucionario”,  Cuadernos Hispanoamericanos, núm 410, 1984. P.152-161

Hurtado, Navarro, Rainer, Los de abajo, “Edición Crítica de Rainer Hurtado Navarro, Edicion de Textos, Cuernava, 2006. P.

Bal, Mieke, y Javier Franco. Teoría de la narrativa : (una introducción a la narratología.) Madrid: Cátedra, 1990.

Azuela, Mariano, Los de abajo, Libros.dot.com, recuperado el 1 de mayo del 2017, http://www.biblioteca.org.ar/libros/142337.pdf





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